09 noviembre 2018

Hace años, como ustedes recordarán, un peso argentino se cambiaba por un dólar. Los argentinos estaban contentos y gastaban por todo lo ancho. Recuerdo, por ejemplo, que conocí a un obrero argentino que visitaba Bolivia: vestía impecablemente, ropa de gran calidad que parecía brillar, fumaba cigarrillos importados y mostraba un nivel de vida elevado. Recuerdo a unos obreros textileros peruanos que trabajaban en Argentina. Para ellos era normal viajar en avión cuando volvían a su país. De este período son los relatos de basureros donde los argentinos dejaban cosas apenas usadas, de electrodomésticos tirados ahí porque habían pasado de moda.

La convertibilidad, así se llamaba aquello, aseguraba que un peso argentino tenía que cambiarse por un dólar. El peso parecía poderoso. La sangría de divisas extranjeras, sin embargo, fue creciendo. Para sostener ese tipo de cambio fijo, el FMI canalizó a la Argentina los préstamos de dólares más altos hasta entonces. Fue insuficiente, el gobierno tuvo que dictaminar el corralito bancario, es decir, la medida que no permitía retirar libremente los ahorros bancarios. Las protestas estallaron y hubo decenas de muertos. De la Rúa, el presidente tuvo que abordar en helicóptero y escapar. El FMI, guardó silencio. Una crisis terrible se abatió sobre la Argentina.

Irónicamente, años después, Peter, el vocalista de la Tía Coca, famoso grupo villero que tocaba ese tema de "no me gustas por tu oro, no me gustas por tu plata, me gustas... etc." nos contaba que en la época de la crisis, quien sostenía a la familia era el hermano menor, recolectando latas y otros objetos en el basurero.

Entonces ¿qué fueron la convertibilidad, los lujos y la ostentación de esos tiempos? ¿Un espejismo masivo con el que la sociedad más culta de Sudamérica se ilusionó?

Por estos lares, ya es innegable que para el gobierno boliviano un dólar vale 6,97 Bs. pase lo que pase esa “convertibilidad” es inamovible. Es cierto, todavía tenemos Reservas Internacionales que respaldan nuestra moneda, pero, urge preguntarnos: ¿No estaremos ante otro espejismo?

Juan Carlos Gutiérrez Morón
La Paz, 09 de noviembre de 2018
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